La Piedad y las Devociones Populares
El libro de las Meditaciones del padre Judge no es solo un testimonio de su profunda vida espiritual, sino también una puerta de entrada al corazón devoto del fundador, que hizo de la piedad y las devociones populares no solo un medio personal de relación con Dios, sino una herramienta misionera para acercar almas a la fe.
El libro de las Meditaciones del padre Judge es una muestra del modo piadoso y devocional que imperaba en la vida de nuestro fundador. Al leer algunos escritos del padre Judge, me quedo con la certeza de que él no sólo acompañaba, aceptaba y promovía la piedad y las devociones en las personas, en los pueblos, sino que él mismo era un piadoso y devoto más entre y de ellos. Tomás Agustín se valía de estos medios para su relación personal con Dios. Él acercó a muchos a la Iglesia y a Dios a través de este instrumento.
El solo número 21 de nuestra Regla de Vida ya es una gran referencia a este tema. Así rezan los renglones escritos en ese apartado:
En nuestra familia religiosa tenemos una devoción especial a María, Reina del Cenáculo Misionero, a José, amigo fiel y poderoso, a los apóstoles, seguidores ardientes de Jesús, y a Vicente de Paúl, patrón de la caridad y de la humildad
Regla de Vida N. 21
Regresemos a los aportes del padre Timothy Lynch para apoyar esta idea. Hablando de “El Apostolado del Cenáculo, y sus dos divisiones (la Interna y la Externa)”, menciona:
Todos han sido adiestrados espiritualmente en la devoción a la Santísima Trinidad, a la Tercera Persona en particular, y también en la devoción a la Agonía de nuestro Señor, particularmente a sus sufrimientos mentales, y a exaltar el Santo Nombre de Jesús, a ayudar a los sacerdotes en el aspecto misionero y a luchar por las almas…
MONOGRAPHS/5, p. 68
Sirva también mencionar que en la misma página aparece, bajo el propósito del Cenáculo Interno, lo siguiente:
Por lo tanto, los ejercicios piadosos y el estudio de la religión tienen un sitio prominente en el adiestramiento de sus miembros.
MONOGRAPHS/5, p. 68
Así mismo, haciendo alusión al esquema con respecto a las devociones, continúa:
Las hermanas deben enseñar a aquellos que están bajo su dirección que, como Comunidad, tenemos que luchar por que estas devociones se enseñen en una forma particular ya que usualmente se habla muy poco de ellas…
MONOGRAPHS/5, p. 69
Unas páginas más adelante encontramos que la piedad es también una característica “natural” del espíritu del Cenáculo:
…El espíritu del Cenáculo es un espíritu de fe, un espíritu de piedad, un espíritu de trabajo, un espíritu de caridad…
MONOGRAPHS/5, p. 104
Mientras escribo estos renglones, no dejo de pensar que el padre Judge se le adelantó a la Iglesia en varios temas y prácticas. Hemos dicho eso, por ejemplo, con respecto a la comunión frecuente y a la importancia del laicado, por citar algunos.
Hablando de la piedad, las devociones y la religiosidad popular, también podemos decir que nuestro fundador encarnó y enseñó lo que la Iglesia oficialmente diría en el documento de Aparecida en 2007. Véase al respecto en el documento los números 258 al 261 especialmente.
¿Qué sentido tiene escribir sobre esto, cuando cada uno asume y lo vive a su manera? Bueno, estoy dando por hecho que lo vivimos. Quiero apuntar que esta riqueza hace parte de los primeros suspiros fundacionales de nuestro carisma. Es allí, en esa contemplación, en esa fuente devocional, donde el padre Judge es inspirado y surge como deseo y tarea la preservación de la fe.
Al respecto, la siguiente nota es precisa y clara:
En esos momentos, el Espíritu Santo comenzó a disipar a la Santa Agonía en lo que hablaba. Sin embargo, la dinámica religiosa de la devoción a la Santa Agonía, la idea de entrar personalmente en el interior de los misterios de la vida de Cristo permaneció en el núcleo de su espiritualidad. La imagen del Cristo abandonado agonizando en el huerto le ayudó a reinterpretar para los Estados Unidos del siglo XX, la obra vicentina tradicional de evangelizar a los pobres. Tomó el lema de la ‘preservación de la fe’ directamente de los objetivos de la Archicofradía. Pero más importante aún fue el hecho de que el primer grupo organizado de apóstoles laicos brotaron de las ‘promotoras’ de la Archicofradía.
William L. Portier, Cada Católico un Apóstol. La Vida de Tomas A. Judge, p. 52.
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