La Urgente Preservación de la Fe

En tiempos donde la misión puede perderse entre la rutina y los desafíos del mundo moderno, volver al carisma original es un acto de fidelidad y esperanza. Las siguientes líneas, escritas por uno de nuestros hermanos, no solo nos invitan a mirar al pasado con gratitud, sino también a redescubrir, con mirada fresca, el fuego que encendió el corazón del Padre Tomás Judge: la preservación de la fe. En su vida, en sus palabras y en su obra, encontramos una llamada urgente a mantenernos fieles a lo esencial de nuestra vocación: ir a donde nadie va, buscar a los olvidados y formar apóstoles donde parece que ya no hay esperanza.

Estatua del fundador de los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad, el padre Thomas Agustine Judge C.M.

Las líneas que escribo y quiero compartir con ustedes, mis hermanos de congregación tienen como propósito la invitación a reflexionar sobre el carisma que nos ha heredado nuestro fundador, el padre Tomás Agustín Judge. Es un tema que yo considero de suma importancia y por tanto es necesario estar regresando a él, por un lado, para conocer más de las enseñanzas del padre Tomás, y también para mantenernos fieles a la misión que él nos ha encargado.

Me he dado a la tarea de leer algunos escritos que encontré de gran ayuda para este propósito que persigo. Mientras lees te darás cuenta a qué escritos me refiero. De todos modos, y con el fin de proporcionarte material para la presente reflexión, colocaré al final una lista específica de las referencias que he usado.

La Preservación de la Fe

“Nuestra misión específica es la preservación de la fe en las regiones y entre los grupos de personas espiritualmente olvidadas y abandonadas, y especialmente entre los pobres. Nuestro mayor esfuerzo lo dedicamos a desarrollar el espíritu misionero entre los laicos, con la meta de que todo católico sea un apóstol. (Regla de vida no. 5). 

Desde este número de la regla de vida podemos notar cómo hay una conexión inmediata entre la preservación de la fe (que es nuestro carisma) y el desarrollo del espíritu misionero entre los laicos. Estos laicos a su vez se unirían al gran esfuerzo del padre Tomás de preservar la fe allí donde había peligro que se perdiera. Veamos lo que dice William L. Portier en Cada católico un apóstol, La Vida de Tomás A. Judge:

“Desde el principio, su movimiento se fundamentaba en la promoción del apostolado de los laicos para la preservación de la fe”. Y después continúa: “Según los Siervos Misioneros, hombres y mujeres, se acercaban al modelo común de las comunidades religiosas, la década de los 1920 nos muestra a un Padre Judge en búsqueda de una forma eclesial que conservara para las comunidades religiosas en desarrollo, una conexión esencial con la obra de formar apóstoles laicos para la preservación de la fe”. Pp. 119-120.

El padre Tomás siempre estuvo preocupado por preservar la fe, y para esta tarea vio en los laicos aquel ejército que le ayudaría a llevar a cabo su obra. Bastaba formarlos y lograr que cada uno fuera un apóstol. De esta ayuda el padre Tomás siempre estuvo consciente: “En los vecindarios de Brooklyn, Judge redescubrió a los pobres y a los abandonados que necesitaban que se les predicara el Evangelio y se les preservara la fe. Sabía, sin embargo, que necesitaba ayuda”. William L. Portier p. 53.

En un documento escrito por el padre Judge a algunos obispos, él les expresa lo que entendía era la preservación de la fe: “Dadas las activas y numerosas agencias perversas, existe un gran peligro de que muchos pierdan la fe en muchos lugares de los Estados Unidos y en países extranjeros, especialmente los colonizados por raza latina”. William L. Portier, p. 145.

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En ese mismo documento el padre Judge, bajo el propósito de la “preservación de la fe” especificó lo siguiente: “La obra del cenáculo de Apóstoles laicos comprendía “traer los no bautizados a la pila bautismal, los pecadores a la confesión y a la santa comunión, la convalidación de matrimonios, salvaguardar los niños del proselitismo, la perversión, la seducción y otras actividades caritativas”. William L. Portier, p.146. 

Siguiendo al padre Dennis Berry, en El Guerrero Valiente de Dios, veamos lo que expresa acerca de nuestro carisma: “La preocupación del Cenáculo era la Preservación de la Fe. Su atención se concentraba, prioritariamente, en los hijos de la Iglesia. Se enseñaba en el Cenáculo que era necesario valorar las almas humanas en términos de la Preciosa Sangre de Jesús”. Cada persona tiene un valor infinito en valor del precio de la redención. Padre Dennis Berry, S.T. p. 172. 

Después el padre Dennis va más allá y señala: “Por eso es que cada miembro del Cenáculo está presto a trabajar por cualquier clase, o estado. O color de raza. Sin embargo, toda vez que nuestra consigna es la Preservación de la Fe, ponemos el énfasis en el trabajo entre los que la Iglesia ha perdido”. En el Guerrero Valiente de Dios. P. 172.

Mientras leo estas últimas líneas y recuerdo lo que se ha dicho arriba de la obra del Cenáculo de Apóstoles Laicos, pienso que la “Preservación de la Fe”, no tiene que ver solamente con cuidar a los que todavía están activos en la Iglesia, sino que también tiene que ver con ir a buscar a los que se están perdiendo, y a los que se han perdido. De aquí que varios renglones de los escritos muestren al padre Judge yendo a rescatar, a traer a los que ya no vienen. Ésta fue su gran preocupación desde los comienzos de su ministerio. La acción de ir a traer fue una constante en el ministerio del padre Judge. 

El deseo tan grande del padre Judge de trabajar para la preservación de la fe lo movía a no medirse en su obrar cuando se trataba de no dejar perder a nadie. Así lo justifica cuando en 1924 decidió abrir una escuela para jóvenes de familias ricas: “Ésta es una entre muchas situaciones en que debemos permanecer alerta y activos para asegurar la preservación de la fe, encontrando alguna forma de salvar esos jóvenes”. Padre Dennis Berry, S.T. p. 173.  Véase también página 96 de este libro donde se hace referencia al trabajo con los jóvenes ricos del colegio San Agustín en Puerto Rico.

De otra parte, James P. O’ Bryan, S.T. en ¡Despierten al Gigante! Historia del Apostolado del Cenáculo Misionero apunta desde el inicio de su libro el propósito del Apostolado del Cenáculo Misionero. En la página 7, en la versión en español, encontramos la expresión “para preservar la fe católica”. Además del propósito, acuña una expresión nueva: fe católica. (Esta expresión aparece aclarada en las “recomendaciones” del XV Capítulo General: “The Catholic Faith”). Así mismo, más adelante encontramos la expresión “preservación de la fe cristiana”. James P. O’ Bryan, S.T., p. 8.

Al avanzar en la lectura del libro “Despierten al Gigante”, encontramos más elementos que confirman el propósito en cuestión: “Desde sus comienzos, el movimiento del Cenáculo se concebía como una herramienta para la preservación de la fe, especialmente donde existía el peligro de que esta se perdiera debido a condiciones espirituales, económicas, o ambientales. Thomas Judge nunca desvió al Cenáculo de ese sendero”. James P. O’ Bryan, S.T., p. 147.

El padre Judge tenía claro por qué era necesario mantener al Cenáculo en ese sendero. En una carta que escribió a un joven seminarista pormenorizaba y resumía las condiciones que ponían en peligro la fe y la moral de su generación. (Cfr. Con James P. O’ Brayan, S.T., p. 259). En esta misma página se encuentra consignada una de las opiniones del padre Judge respecto a los laicos: “Era creencia del Padre Judge que el laicado ofrecía una solución potencial para los males espirituales y sociales. Veía en el laicado católico a ‘un gigante dormido’”.

Para el padre Judge la preservación de la fe era el primer principio para considerar si se quería saber si un tipo de trabajo estaba dentro de la obra del Cenáculo. (Cfr. Con James P. O’ Brayan, S.T., p. 378). 

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Cada vez que el padre Judge pretendía explicar el carisma, lo hacía dando a conocer diferentes detalles de éste. Sin embargo, siempre mantiene la consigna “Para la Preservación de la Fe” que es el corazón de nuestra congregación. Veamos este ejemplo que, dicho sea de paso, representa nuevos desafíos para nuestra misión: “Resumiendo, puedo afirmar – en cuanto a nosotros se refiere, somos Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad. El nombre le da sentido a nuestra vida. Nuestra consigna es, ‘la preservación de la fe’. Nos interesan las causas abandonadas, las obras abandonadas, el alma abandonada y preferimos trabajar en alguna esquina desordenada de la viña. Somos pobres exploradores de frontera de la Iglesia”. Jaime P. O’ Brayan, S.T., Pp. 385-386.

La tarea que tenemos en manos no es fácil. Casi siempre ha sido difícil, y me parece que esto es lo que hace particular nuestro carisma: estamos llamados a llegar donde otros no llegan; tenemos la tarea de traer a los que ya no vienen; rescatar a los que se han perdido, proteger a los que están en peligro. Las causas abandonadas eran la pasión del padre Judge. Y para eso vio en los laicos la herramienta humana perfecta para realizar su obra. De allí el afán de formarlos, de “adiestrarlos”, como tanto se repite en sus escritos. El apostolado laico recibe adiestramiento para trabajar en el mismo molino: la preservación de la fe. Léanse estos propósitos en “Cada católico un apóstol”. La Vida de Tomás A. Judge, pp. 370 y 374. Y para una explicación más detallada de lo que se entiende como “preservación de la fe”, léase “MONOGRAPHAS/5” por Father Timothy Lynch, S.T., pp. 88-89.

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