La Urgencia de la Divina Providencia en Nuestra Vida Religiosa

En tiempos donde la seguridad financiera y la planificación rigurosa parecen regir incluso la vida religiosa, el llamado a confiar radicalmente en la Divina Providencia suena cada vez más incómodo y, sin embargo, más urgente. Inspirados por el testimonio del Padre Tomás Agustín Judge, este texto nos confronta con una verdad olvidada: solo desde el abandono confiado a Dios florece la auténtica vida apostólica.

Dirijamos ahora nuestra atención a este singular e indispensable aspecto en la vida de nuestra Congregación: la Divina Providencia.

¿Qué decir al respecto?

“Hoy no necesitamos a la Divina Providencia. No necesitamos confiar en Ella. No necesitamos acudir a Ella, ni para que nos sostenga, ni para que nos abra caminos.”

Me da la impresión de que estamos un poco lejos del sentir de nuestro fundador.

Hombre de profunda fe en la Providencia Divina, así se expresaba el Padre Tomás Agustín Judge.

Parece que nuestro estilo de vida religioso se ha tornado premeditado, calculado y comodino, al punto de reflejar una peligrosa independencia humana.

¡Mientras más hay del hombre y de sus maquinaciones, menos hay de Dios!

Esta forma de vida no nos permite mirar más allá de nuestras narices. Pero estamos llamados a mucho más. Veamos esta otra nota:

Nos esperan obras en el futuro que requieren hombres que puedan hacer violencia al Reino de los Cielos. Este poder no nos llega meramente leyendo libros. Este poder nos llega de la hiriente experiencia de la necesidad cuando tenemos que depender de la Divina Providencia. Ningún hombre tiene participación en el Espíritu Apostólico que no guarde con cariño esta esperanza.

La dependencia de la Divina Providencia era esencial e inherente a la vida y misión de Tomás Agustín Judge. Todos sus proyectos estaban bajo esta Sagrada Instancia.

Hoy no queremos dar pasos mientras no estemos seguros de no resbalar. Para eso, nos tranquiliza saber cuánto dinero hay en el banco. Pero esa supuesta «seguridad» muchas veces nos detiene.

Suena muy bien el tener dinero en el banco, y tener tanto dinero para seguir, pero eso obstaculiza nuestra confianza en la Divina Providencia… Si tuviéramos que economizar dinero en el banco, no podríamos empezar muchos trabajos religiosos…

¡Cuánta verdad hay aquí! La Divina Providencia no puede ser un concepto ilustre del que hablamos con orgullo cuando nos referimos al fundador. Debe ser un estilo de vida.

Nosotros navegamos todavía en poca profundidad, y a menudo, podemos oír el rozar y el rechinar de nuestra barca. Siempre encontramos alguna obstrucción que nos mantiene en oración y esperanzados en la Divina Providencia.

Cada obstáculo debe llevarnos al Seno de la Providencia.

Y darle una oportunidad para que se realice.

Aquí se entrelazan varios aspectos:

  • Los apegos que nos atan.

  • Las seguridades humanas —limitadas por su propia naturaleza.

  • La falta de espíritu de sacrificio y abnegación.

Todo esto nos impide advertir la necesidad de depender de la Divina Providencia. Tal vez sea momento de volver a meditar en San Mateo 6, 25-34. ¡Y no solo eso!

El padre Dennis, en El Guerrero Valiente de Dios, nos lo recuerda:

Dondequiera que estuviera ubicada la misión, el matiz característico del apostolado del Cenáculo siempre debía ser el sacrificio y la abnegación.

Y añade:

Los varones debían ejercitarse en estas virtudes.

En la página 189, encontramos otra advertencia:

O estamos demasiado apegados a nuestra propia voluntad o a algún lugar, o a alguna persona, o a algún interés, por lo que, en otras palabras, no ha habido una rendición completa del corazón a Jesús.

Esto lo dijo al referirse a quienes pensaban que serían más espirituales en otro lugar. Según el padre Judge, ese pensamiento era:

“Delirio” o fruto de “amor propio”

No podemos terminar sin mencionar el Espíritu del Cenáculo, como lo describe el Padre Timothy Lynch en MONOGRAPHAS/5:

El Espíritu del Cenáculo es ante todo un espíritu de oración, de hacer todas las cosas para el mayor honor y la gloria de Dios. Es un espíritu de sacrificio, un espíritu de servicio. Es un espíritu caritativo que puede resumirse en las palabras de San Pablo: ser todo para todos los hombres para ganar a todos para Cristo…

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