Meditaciones: El Santo Nombre De Jesús

Carta-conferencia a los Siervos Misioneros, 31 de diciembre de 1928, MF 1346.

El Santo Nombre de Jesús… ¡Cuántos pensamientos santos, impulsos y resoluciones incita!

¿Qué haremos por el Santo Nombre?
Debemos hacer algo, debemos hacer mucho. Por lo menos podemos hacer esto:
Amarlo más, usar más su Santo Nombre, bendecir más utilizando su Nombre.

Y mientras más bendigamos con su Santo Nombre y más se bendice con su Nombre,
más dulces serán las palabras que salgan de nuestra boca,
más dulce sonará la música en nuestros oídos,
más será el amor en nuestros corazones,
la fuerza de nuestra voluntad,
la luz en nuestras mentes
y la alegría en nuestras almas.

Podemos decirlo una y otra vez. Podemos utilizarlo de tantas maneras:

  • Para alabarlo

  • Para orar

  • Para dar gracias

  • Para hacer actos de reparación y adoración

Podemos utilizarlo en alabanza para beneficio de Dios, de Jesús, de María y de José,
y rogar a Jesús, a María y a José que lo utilicen en beneficio nuestro.

Tenemos que recordar – no podemos olvidar – que poseemos una gracia especial.
Sí, y es tan especial que es tarea de toda una vida,
es un destino,
tal vez un destino que se le concede a muy pocos:
Exaltar el Santo Nombre de Jesús.

Por lo tanto, debemos:

  • Utilizarlo en nuestros corazones

  • Pasarlo a otros para que hagan uso de él en sus corazones

  • Utilizarlo al hablar y al escribir

  • Utilizarlo a tiempo y a destiempo

¡Alabado sea el Santo Nombre de Jesús!

Podemos comenzar y concluir nuestras tareas en el Santo Nombre de Jesús,
y mientras las realizamos a lo largo del día,
proponernos trabajar para este fin: que todas las cosas proclamen el Santo Nombre de Jesús.

Dirijamos nuestro pensamiento hacia una Hostia Mayor.
Trabajemos para que sean más los que consuman el Cuerpo de Jesús y los que beban su Preciosísima Sangre,
que su Divino Corazón sea adorado y conocido cada vez más.

Sugerencia de aspiración para el año entrante:

“¡Oh Santísima Trinidad!”

Y este ramillete espiritual también:
Tener en estima el deseo de agradar cada vez más a Dios.

Ayudémonos unos a otros para hacer buenas obras.
Unámonos para comprometernos a ser santos.

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