Meditaciones: Introducción a las Meditaciones / Oración Mental
Conferencia de retiro a los miembros pioneros del Cenáculo, 9 de julio de 1916, MF 10697. 2. Conferencia de retiro a los miembros pioneros del Cenáculo, 7 de julio de 1916, MF 8182-83.
La oración que expresamos con palabras es la oración en la cual la persona presenta sus necesidades a Dios.
La oración mental es la oración que se expresa sin palabras.
Ustedes pueden objetar:
“Nosotros no tenemos ninguna devoción. No contamos con la gracia para la oración. Cuando lo intentamos nos invade el sueño… Todo se nos confunde y las cosas pasan por nuestra mente como un remolino.”
Eso es una tentación.
Recuerden que estamos sirviendo a Dios a través de una fe pura, porque Él es Dios, porque Él es infinitamente bueno y deseable.
La oración que depende de la emoción no es necesaria.
Eso de orar a semejanza de un abogado astuto que nos satisface el corazón, como si tejiéramos una argumentación que Dios mismo no pudiera resistir, elaborando una plegaria que el mismo cielo se vea obligado a atender — esa clase de devoción responde a la emoción.
Pónganse de rodillas y empiecen a pensar en Dios. Eso es oración.
Puede que esa oración se reduzca sólo a una lucha en la oscuridad – donde todo aparece tan amargo, tan sombrío.
Eso es orar. Ese es el tipo de oración que Dios ama.
Lo ven, es la intención dentro de su corazón.
Algunas personas fundamentan su religión en experiencias humanas.
La reducen a un asunto de comida y bebida, a un entretenimiento cualquiera. Practican la religión por lo que pueden sacarle. Eso no está bien.
Pero hay otros que se mantienen en la lucha.
Puede que ustedes no experimenten progreso alguno.
Comienzan la oración a su debido tiempo, pero de inmediato les rodea toda clase de oscuridad.
Nunca se imaginaron, hasta que se hincaron de rodillas, que pudieran pensar en tantas cosas en cinco minutos, pero lo siguen intentando.
Eso es orar.
Dejarnos vencer por la desidia, la somnolencia — tan pronto como dejamos de esforzarnos — no está bien.
Tal parece que hay diez mil demonios empeñados en evitar que oremos.
Di: “No vamos a dejar de meditar, aunque sólo podamos exclamar: Jesús, Jesús… aunque no podamos construir una oración completa.”
Eso es una plegaria.
Hagan que su mente regrese (al tema).
Apliquen su pensamiento a verdades cristianas que tal vez causen terror…
Puede que al terminar su meditación estén empapados de un sudor espiritual.
Dios ha tomado en cuenta todo ese proceso. Él sabe que ustedes se han postrado ante su presencia. No se retiren afligidos. Ustedes hicieron su parte. No podían hacer más.
La oración mental es muy complicada…
Algunos inician su oración, ya preparados para medir y pesar sus pensamientos…
En la oración mental ustedes intentan disponer sus almas para hacerla hermosa a los ojos de Dios.
Están equivocados si se desalientan y dicen que no han hecho oración.
Se han puesto en la presencia de Dios.
Le han rogado que les ayude.
Se han humillado ante Él, ante la Santísima Virgen y ante San José.
Entonces llevaron a su mente el tema de la meditación.
Deben, entonces, continuar meditando sobre el mismo punto concreto, hasta que no le puedan sacar más provecho al tema.
El propósito de la oración mental es acomodar sus almas y sus corazones a la voluntad de Dios…
Nunca admitan, mis queridos hijos, que están desalentados en la oración.
Oren siempre y no desfallezcan.
Cf. Lucas 18,1
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