Encuentro de Vocaciones en las Montañas de Santander

En medio de las montañas santandereanas, donde el verdor del paisaje se mezcla con la calidez de su gente, vivimos una jornada que nos recordó el sentido más profundo de nuestra vocación: servir, escuchar y sembrar esperanza. En el corregimiento de Riachuelo, municipio de Charalá, la providencia nos llevó a compartir con los estudiantes de los colegios José Antonio Galán y Nuestra Señora del Rosario.

Nuestra congregación nació para estar donde otros no llegan, para tender la mano a los más olvidados, para anunciar el Evangelio no solo con palabras, sino con gestos concretos de amor y servicio. Por eso, cada oportunidad que tenemos de acercarnos a los jóvenes, especialmente en zonas rurales, es una gracia y una responsabilidad. En Riachuelo, fuimos testigos de que la vocación no es un tema del pasado.

Los estudiantes nos recibieron con alegría, respeto y curiosidad. Desde el primer momento sentimos que no era una audiencia distante, sino una comunidad escolar dispuesta a escuchar. Compartimos con ellos nuestro carisma. No hablamos desde la teoría, sino desde la vida. Desde el compromiso de tantos hermanos que, a lo largo de los años, han entregado su tiempo y su corazón en contextos donde la Iglesia quiere estar presente.

Nos sorprendió la profundidad de algunas preguntas, la sinceridad de los comentarios y, sobre todo, la atención con la que nos escuchaban. No es común ver tanto interés en un mensaje que habla de entrega, sacrificio y fe. Algunos se acercaron al final con timidez, otros con entusiasmo; todos, con el deseo de saber más, de entender si Dios también los está llamando a ellos.

Un compromiso que continúa

La vocación no siempre comienza con una certeza. A veces comienza con una inquietud, una pregunta, un rostro que se queda en el corazón. Por eso valoramos tanto estos espacios de encuentro. Porque sabemos que Dios habla en lo cotidiano, en la palabra de un visitante, en un testimonio sencillo. Como dice la primera carta de Pedro: “Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pe 4,10). Hoy más que nunca, el mundo necesita personas dispuestas a poner sus dones al servicio de los demás.

Esta visita no fue un evento aislado. Fue parte de un camino que seguimos recorriendo con alegría y entrega. Queremos que cada joven sepa que su vida tiene valor, que su fe puede transformar realidades, y que en la Iglesia hay espacio para todos los que desean seguir a Jesús desde la radicalidad del Evangelio.

Nos vamos de Riachuelo con gratitud en el corazón. Con la certeza de que algo sembramos, pero también con la humildad de quienes siempre reciben más de lo que dan. Agradecemos a las directivas de los colegios, a los docentes y, sobre todo, a los estudiantes, por abrirnos las puertas y escucharnos con atención. Que el Señor siga suscitando vocaciones generosas, capaces de decir “sí” como María, como los apóstoles, como tantos santos y santas que hicieron del servicio su estilo de vida.

Si vives en Sudamérica, el Caribe, México o Estados Unidos, quieres ser sacerdote o tienes interés en la vida religiosa escríbenos vocacionsa@trinitymissions.org o escríbenos al +57 323 448 8323 para conocer más sobre los Misioneros Trinitarios


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